viernes, 26 de octubre de 2018

memorias 001

Entré al consultorio que estaba en el fondo del centro de atención. Tomé un respiro amargo como hojas de té tibias. Cargaba mi maletín negro con mi disco duro. Me recibió con una sonrisa cristiana y dulce Marcelo, mi terapeuta. Me senté frente a él, sin mirarlo a los ojos; como lo hacía seguido.

Le dije que lo borré todo. Me miró sorprendido: no era algo que habíamos acordado en las sesiones anteriores ni tampoco le aclaré de qué hablaba. Algo como "borré todos los correos, cartas, canciones, sitios web" aclaré. Marcelo seguía sorprendido. Rápido, completamente amistoso, cuestionó el porqué hice algo así; solo yo podría compararlo  como quien le acaban de decir que apagó el fuego de una fogata solo porque eran las 3:00 a.m. y quedaban 3 horas para despertarse. Así.

Contesté con los ojos arriba de mis hombros, llena de un aire de santa. Algo como "era necesario; ya era hora de limpiarme" sin decir que era el anatema de mi alma, sin decir que el diablo inspiró todas esas cartas, canciones, correos, publicaciones, pasiones, etc. Marcelo solo cerró sus ojos con tranquilidad. Solo respetó lo que le dije.

Después hablamos por una hora. Discutimos qué pasaría ahora que empezarían las vacaciones. A toda sugerencia, fui reticente. Solo me despedí, me llevé el maletín negro y el disco duro casi vacío.

Esa tarde o tardes más tarde, Melissa me invitó a ir a casa con ella a Salta. Me pareció impensable; demasiado arriesgado. Mi aire santo ya había logrado demasiado como para arriesgarlo en un viaje lejos de ese lugar. Seguro inventé que no tenía dinero o que mi padre no me daba permiso.

Esa tarde o tardes más tarde, Mariana me dijo que Fabiana celebraría su cumpleaños en la cafetería. Era un martes seguro. Me puse mi gorra que cubría todo mi cabello, un suéter verde enorme, mi cámara. Era martes seguro pues me estaba poniendo el abrigo negro, caminábamos y vi la fila de jóvenes que iba al culto de las 20:00 hrs.

Sin poco aliento para ir a la celebración, tampoco me animé a ir al culto. ¿Qué estaba haciendo? Necesitaba limpiarme. Seguro que Mariana me apresuró y me dio una mirada extrañada como seguido lo hacía y me fui con ellos al café.

Llegamos y nos sentamos en la esquina. Es probable que tomaron la cámara y comenzaron a hacer fotografías. Debo tener solo algunas imágenes donde mi mirada está en el piso, como si el piso fuera el cielo en el Armageddon. En ese momento, solo escuchó un vacío perturbante en mi cabeza con esas imágenes del Armageddon.

Ordené esa noche una malteada de café y botellas sin cuenta de Coca - Cola. Pensar si era buena idea o no no cabría en una cabeza que tiene el Armageddon, además de demasiado frío, pocos planes para las vacaciones (excepto leer "Caos" de James Gleick), y culpa, demasiada culpa de fallar en el camino de un camino que parece un camino a resolver toda mi vida, como no desear nunca más el café, ni la música secular, ni desear viajar y explorar lo desconocido, mucho menos pensar o escuchar "The Only Exception" de Paramore con toda la pasión que me hizo vivir.

Sentir el vacío era más fácil.

De regreso, solo sentía el frío por dentro y por fuera. Fabiana venía sonriendo hermosamente, Mariana, amargamente y yo solo mantenía mi cara en el cuerpo. Estábamos cruzando la avenida principal y escuché la estridente voz de Gonzalo. Algo como "¡Hola, chicas!" con su cámara en el cuello o solo en su mano. Lo que haya dicho después habrá sido como ecos lejanos en mi vacío mental. Nos sacó una foto y seguimos nuestro camino. Y de nuevo, Fabiana hermosamente sonriendo, Mariana, en seriedad y yo, vacío - Armaggedon.

Llegué a la habitación del cuarto, después de cruzar ese pasillo gris. ¿Mariana se iba de viaje? ¿Pasó la noche con su hermana? Esa noche no había nadie más en el cuarto. Melissa ya debería estar en Salta con su amorosa abuela. Me senté en el centro de la mesa, y la luz neón se sentía pesada en mi mirada. Abrí Twitter.com, luego Tumblr.com y no tenía donde escribir. Por algún motivo, pude reactivar Twitter solo para decir que había perdido la cabeza o algo parecido.

¿Le dí un portazo o no al ordenador después de eso? No sé. Solo sé, que con mucho frío, corrí a arrodillarme y llevé mis dos palmas a mis sienes, luego a mis ojos como si alternara vacío y Armaggedon. Frío y terror. Respuestas y confusión. Mi cabeza y mis piernas comienzan a hormiguear. Mi cuerpo no era mi cuerpo. Algo lo poseyó. Rápido, rápido tomé lo que haya faltado de mi limpieza; fuera lo que fuera que me tomó, no podía dejar que se quedara conmigo.

Como exorcismo de emergencia, tomé la playera que le compré a Christopher con el ojo en la pirámide, tomé unos dibujos que aún quedaron rondando y los llevé al bote de basura del baño compartido del dormitorio esperando que esta "posesión" se terminara. No lo hizo.

No sé qué hora era cuando me puse de pie de pie otra vez, apagué la luz y subí a la cama de Melisa; no sentía paz en la cama de Mariana y la mía, en el tercer piso, no parecía un lugar seguro (desde ahí, tuve todas las pesadillas que me llevaron a ver a Marcelo en primer lugar).

Silencio, momentos sin fin, oscuridad, insomnio en la cama de Melisa y ni una gota de cansancio, solo terror.

Llegó la luz del día y el terror cesó. Estoy respirando con algo de aliento roto. Dormí por fin sin saber si tenía el diablo o no.