le dije que era el diablo
que los diamantes que quiere mandar en terciopelo
a mí me daba alergia, malestares, mareos
porque me grito juguete de diablo
y, ¿qué le puedo responder?
yo que quería jugar a hacer ángel
después de que dejara que otros diablos
(como somos él, yo, ellos)
sacudieran mis hombres
para que mi cuello conectara las neuronas en mi cabeza
y saber que no es el terciopelo el problema
que tengo demasiada ambición de diamantes
que tengo demasiado obsesión con creerte diablo
así que me puse a ver una película pre-milenaria
con esos relatos, con esos rostros de carácter
que pensaría que a a él le podrían gustar
pensando en esos noventas que pasamos casi juntos
pensando que siempre amo a ese padre noventas
pensando en ese padre que mira filmes los domingos
y manda a hacer plegarias apagándose el día
yo nunca entiendo mis plegarias
solo sirviendo para aplacar su ansiedad de ordenar
lo que es bueno y advertir que el mundo se va a terminar
que Dios nos libre de ser diablos
mientras repetimos casi en vanidad
que se cuide nuestra sangre
que se cuide lo que nos rodea
y yo orando que el arma de su lengua no dispare muy pronto
y yo orando ya sola en mi habitación
con los oídos en música y mirando figuras paganas
para liberar la intolerancia que la verdad y la luz queman
y yo orando para decidir si seguir orando solo de rodillas
o que cada aliento cuente como conversación con el cielo
y oro cada vez que respiro y sé sin miedo quien soy
porque me pregunta si arreglé ese asunto tan delicado
y si me preguntan que qué hecho para dejar de ser
me acuerdo cuando decidí dejar de vivir y fallé
y en esa suspensión entre continuar orando por balas en su garganta
o dejar de culpar a otro mortal por el acoso en mi cabeza
supe que la petición de morir en vida no es justa
que no iba a entender nunca la petición de que siguiera viva